Tapachula, y las malas decisiones de Gurría (En la Mira / Héctor Estrada)

Lo que sería un simple operativo para contener las agresiones durante la protesta realizada por habitantes de Pavencul, que se congregaron el pasado lunes en el centro de Tapachula para exigir la ejecución de obra pública, terminó convirtiéndose en un completo desastre, lleno de excesos y evidentes abusos de autoridad contra manifestantes, activistas y los propios reporteros que cubrían los hechos.

Las malas decisiones tomadas por los elementos policiacos, por el secretario de Seguridad Pública Municipal, Pedro García Palazuelos, y por el mismo presidente municipal de Tapachula, Oscar Gurría Penagos, dejaron un nueva factura, bastante costosa, para la de por sí desgastada imagen del alcalde tapachulteco.

Las enardecidas enemistades al interior de su propio partido (Morena) y la mala relación con los medios de comunicación han complicado la primera mitad de su administración municipal. Las denuncias sobre corrupción, nepotismo y excesos entre sus colaboradores y su propia familia se han convertido en la nota constante dentro de los principales medios opositores.

Y es que, Oscar Gurría parece ser víctima del misma inexperiencia, avaricia, y descontrol emocional que afecta hoy a otros tantos alcaldes chiapanecos para quienes las presidencias municipales llegaron de manera inesperada, como resultado del efecto Obrador. La falta de resultados y su evidente incapacidad para hacer frente a las críticas los han empujado a tomar decisiones bastante desafortunadas.

Lo ocurrido el pasado lunes en pleno centro de Tapachula no debió suceder jamás. Fue una cadena de tropiezos ejecutados por el gobierno municipal que al final de cuentas se volvieron contraproducentes, alimentando los argumentos de sus férreos adversarios para desgastar aún más la posición de Gurría ante “sus superiores” en la capital chiapaneca y la Ciudad de México.

Es verdad, fueron los manifestantes, quienes incitados por actores externos, agredieron inicialmente a los elementos de seguridad que resguardaban el ayuntamiento. Sin embargo, nunca debieron arremeter con tan desproporcionada fuerza. Las agresiones contra la prensa y ciudadanos que sólo grababan los hechos fueron el clímax de los excesos, donde no quedó la menor duda de las violaciones a los derechos humanos consumadas en el acto.

Pero fue la detención de Cinthyta Alvarado Enríquez el punto medular del escándalo. Y es que, Gurría Penagos y Alvarado Enríquez son viejos conocidos de política local. Ambos son militantes activos del partido Movimiento de Regeneración Nacional (Morena) y desde hace al menos cuatro años se han mantenido en contantes enfrentamientos que, tras la ascensión  de Gurría a la dirigencia estatal y luego a la presidencia municipal, terminaron relegando a Cinthya.

Por eso no es casualidad que desde la llegada de Gurría al ayuntamiento tapachulteco Alvarado Enríquez se ha convertido en una de sus más insistentes opositoras, acusándolo de corrupción por diversas causas, impulsando a sectores inconformes y hasta iniciando una colecta de firmas -en marzo del año pasado- para solicitar la revocación de su mandato, en una estrategia que aparente tiene tintes de clara revancha política. No obstante, eso no exculpa al presidente municipal de los excesos cometidos.

A Gurría le ganó la víscera y la soberbia. Si los elementos policiacos ya se habían equivocado con el uso de la fuerza desproporcionada y el secretario de seguridad pública con solapar un operativo claramente arbitrario, Gurría, cargado de razones y argumentos indolentes,  hizo lo propio aprovechándose de las circunstancias para mantener a Cinthya Alvarado más de 24 horas detenida sin argumentos legales sólidos.

El desquiciado alcalde, deseoso de revancha desproporcionada, terminó victimizando y fortaleciendo a una opositora política que hasta hace poco no parecía tan relevante en el plano estatal. Todo como resultado de la inexperiencia, falta de temple y malas decisiones que perfilan la carrera política del alcalde tapachulteco hacia un profundo y prematuro abismo, donde seguramente se encontrará a muchos de sus actuales colegas chiapanecos… así las cosas.

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